Domingo, Abril 20, 2014
   
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Lo que dice la Biblia sobre la ira

  Por Magaly Llaguno   

Somos seres humanos vulnerables y por tanto nos dejamos arrastrar por nuestras emociones; especialmente la ira. Hay distintos tipos de ira. Por ejemplo, a veces la ira proviene del egoísmo o de las sospechas infundadas. En otros casos se trata de un tipo de ira que a veces contamina el espíritu y el intelecto por muchos años, y explota ante la más mínima provocación. A esto le llaman "ira desplazada", pues su verdadera causa a menudo permanece oculta. Es obvio que se comete una injusticia al hacer a la otra persona, el blanco de nuestra ira injustificada. Sin embargo, en muchos casos la ira que sentimos está justifica. Es para nosotros un mecanismo de defensa, un modo de tratar de impedir que los demás continúen hiriéndonos. La ira justificada no es un pecado, si se maneja adecuadamente. Pero veamos primero lo que dice la Biblia, que es la palabra de Dios, sobre los efectos de la ira.

Nos impulsa a pecar:

"...Cohíbe la ira, reprime el coraje, no te exasperes, y no obrarás mal..." (Salmo 37:8) "...Sea cada cual pronto para escuchar, lento para la ira, porque la ira del hombre no produce la rectitud que Dios quiere." (Santiago 1:19-20) "El colérico atiza las pendencias, el iracundo multiplica los crímenes." (Proverbios 29:22)

Ofende a Dios y nos aleja de El:

"No irriten al santo Espíritu de Dios que los selló para el día de la liberación; nada de brusquedad, coraje, cólera, voces ni insultos; destierren eso y toda aversión."(Efesios 4:30) "Pues yo les digo: Todo el que trate con coraje a su hermano será condenado por el Consejo; el que lo llame renegado será condenado al fuego del quemadero." (Mateo 5:22)

Dios nos dice que debemos deshacernos de nuestra ira, la cual es un gran obstáculo a nuestra santificación e inclusive a nuestras relaciones humanas:

"...Ahora en cambio, despójense de todo eso: cólera, arrebatos de ira, aversión, insultos y groserías, ¡fuera de su boca!" (Colosenses 3:8) "Si se indignan, no lleguen a pecar, que la puesta del sol no les sorprenda en su enojo, no dejen ocasión al diablo." (Efesios 4:26)

El mantener dentro de nosotros la ira no solo acarrea consecuencias psicológicas como la depresión y espirituales como el pecado, sino que también tiene dañinas consecuencias físicas: ataques al corazón, todo tipo de enfermedades debido a un sistema inmunológico debilitado y según algunos estudios, predisposición al cáncer. Inclusive, la ira reprimida causa depresión y hasta podría llevar al suicidio o al homicidio. Afirma el Dr. Frank Minirth, quien es un psiquiatra: "La ira es probablemente el mayor riesgo a la salud y la principal causa de muertes." *

Es imposible que una persona pueda lidiar con un problema y resolverlo, si se niega a admitir que este existe. Si no somos honestos con nosotros mismos, admitimos que sentimos ira, buscamos en nuestro interior la causa, y lidiamos con ella; no podremos tener verdadera paz. Aún peor: nos costará mucho más trabajo crecer en santidad y convertirnos en la persona que Dios nos llama a ser.

Uno de los frutos del Espíritu Santo es precisamente el dominio de sí mismo. Nos habla Dios en la Biblia sobre el autocontrol:

"Más vale paciencia que valentía y dominarse que conquistar una ciudad." "Respuesta blanda aplaca la ira, palabra hiriente atiza la cólera. Hombre colérico atiza las pendencias, hombre paciente calma la riña." (Proverbios 15:1, 18) "Niégate a discusiones estúpidas y superficiales, sabiendo que acaban en peleas; y uno que sirve al Señor no debe pelearse, sino ser amable con todos...suave para corregir a los contradictores..." (2 Timoteo 2:23-25)

Estas citas bíblicas no nos están diciendo que tenemos que soportar calladamente todo lo que nos ofenda o dañe y no tomar absolutamente ninguna acción. En definitiva lo que Dios nos pide en su palabra, la Biblia, es que dominemos nuestra ira para que esta no nos domine a nosotros. Tenemos que aprender a expresarla de una manera adecuada y positiva.

El primer paso es admitir que sentimos ira. Examinemos detenidamente nuestras emociones y ahondemos en nuestro corazón para buscar cuál es la verdadera causa de nuestra ira.

El segundo paso es compartir esos sentimientos con Dios en la oración. El quiere que nosotros podamos tener paz y ser felices; por lo tanto, nos mostrará el camino de la sanación. El es el único que verdaderamente puede sanar las heridas de toda una vida.

El tercer paso para lidiar con la ira, es consultar a un pastor, psicólogo o psiquiatra si es necesario. Es muy posible que necesitemos ayuda profesional; dejemos a un lado nuestro orgullo y trabajemos para ser mejores seres humanos.

Una buena manera de restarle fuerzas a la ira, es utilizar esa energía hostil para algo constructivo como los ejercicios, la limpieza de la casa, etc. A veces nos ayuda escribirle una carta a la persona que nos ofendió, aunque después la rompamos.

Y por último, Dios nos dice en su palabra, la Biblia, que no debemos dejarnos vencer por el mal, sino que venzamos el mal con el bien. Esto quiere decir que no devolvemos las ofensas ni nos vengamos por ellas, sino que devolvemos bien por mal; y esto lo podemos hacer a través del amor de Dios actuando en nosotros. Ese amor nos ayudará a disipar nuestra propia ira y la de los demás.

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